La culpa es tuya

Es habitual, cuando estoy hablando con dos personas que tienen un problema en común, que entre ellas se haga popular una frase: “La culpa es tuya”. En coaching de pareja, o cuando una madre tiene un problema con su hijo, “la culpa es tuya” sirve para quitarse de encima la responsabilidad de afrontar que existe un problema entre dos personas y que la responsabilidad es compartida.

¿Realmente la culpa es del otro?

Nos cuesta mucho asumir nuestra parte de responsabilidad. Hablo de responsabilidad y no de culpa, porque con la responsabilidad se puede trabajar y con la culpa no; la responsabilidad te pone manos a la obra, mientras la culpa solo conlleva la autoflagelación.

Cuando es la segunda vez que te pasa algo, empieza a plantearte que quizá se repite la mala suerte. Y si se repite, quizá es que sea porque la respuesta es la misma a un estímulo determinado. Me explico… Si tú tiras una piedra a una superficie de agua, saldrán ondas circulares. Si vuelves a tirar otra piedra dentro de una semana, volverán a producirse ondas. Y si lo repites dentro de unos meses, las ondas seguirán apareciendo. En tu caso, puede ser igual. Quizá la respuesta de las ondas, es debida al lanzamiento de tu piedra, no a que al agua le ha apetecido en un momento dado ponerse a ondear. Quizá, si te vuelve a ocurrir un desagradable incidente con otra persona diferente, se deba a que algo estás provocando para obtener ese tipo de respuestas.

Asumir la culpa requiere compromiso para cambiar

Tranquilos. Es normal. Yo también digo que la culpa es del otro. ¿Por qué? Porque si asumo que tengo parte de responsabilidad en el conflicto, tengo que tomar medidas para solucionarlo. Y a veces no estamos preparados para asumir un cambio. Primero, asumir que quizá estemos equivocados. Después, entender la respuesta de la otra persona. Por último, decidirse a cambiar eso. Tres pasos muy difíciles y que requieren una gran conciencia de nosotros mismos.

Fíjate en el feedback

¿Cómo saber si la culpa es nuestra o de la otra persona? Hay que estar muy atento a las respuestas que encontramos en el entorno. Siguiendo el ejemplo anterior: hay que vigilar si hay ondas en el agua, porque nos dirá si se ha tirado una piedra. Si vemos ondas, podemos deducir que quizá hemos tirado piedras.

¿Has oído el hablar del ROI? Es el feedback aplicado al marketing, sirve para saber si lo que hacemos es efectivo o no. Una empresa utiliza el ROI para saber si la inversión en una campaña genera beneficios. Sin medir el impacto de una acción, la empresa perdería miles de euros en campañas inefectivas. En nuestro caso, pasa lo mismo. Cuando te hayas comprometido a cambiar algo, analiza las respuestas. Es vital para saber si lo que estamos haciendo es efectivo para disminuir el conflicto.

La culpa es tuya… y del otro

Efectivamente, posiblemente la culpa sea tuya. Seguramente has hecho algo que provoque una reacción que no te ha gustado. Pero la culpa también es del otro. El otro no es como el estanque de agua, un puro autómata que recibe el impacto y genera ondas. La otra persona también tiene responsabilidad en el conflicto. Que una pareja pase una mala racha, no suele ser culpa de una de las partes, aunque el conflicto haya sido iniciado por una parte, la otra también es responsable de haber aumentado el problema.


Dibujo “Wolf fight” publicado bajo licencia CreativeCommons con atribución por Jose Luis http://www.arteyfotografia.com.ar/17524/fotos/362655/

No asumir nuestra culpa es poco productivo. E irreal. Es bastante infantil pensar que las cosas nos pasan por una especie de sino aciago, de un Dios cabreado que nos pone dificultades. Muchas veces creemos que los políticos han nacido siéndolo, que no tenemos la culpa de su mala gestión. Han llegado allí después de decisiones individuales de millones de personas. Y la situación económica complicada que nos hemos encontrado, no es culpa de “los mercados”, “la globalización”… es finalmente, culpa de cada ciudadano individual que eligió para gobernar a gente que no lo supo hacer.

Tomar las riendas es más complicado que asumir la responsabilidad. La culpa es tuya, ¿y qué? Pues que tienes que ponerte a trabajar para que no vuelvas a oír eso de “La culpa es tuya” saliendo de tu boca.

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